La educación al aire libre,
desde la primera infancia, es un concepto que cada día agarra más vuelo en
nuestro país. Jardines y colegios han empezado a aplicar esta metodología, que
desarrolla las habilidades sociales, fomenta la creatividad, ayuda a mejorar el
rendimiento académico y genera un sentido de pertenencia. “Si queremos mejorar
la educación, deberíamos pasar diariamente mucho tiempo fuera del aula”, dice
el sociólogo y experto Matías Knust.
“Una educación para la vida y
para la tierra, reconociendo la educación como un proceso holístico, que
entrega la posibilidad de aprender a aprender. Nos vinculamos con lo que
propone la Unesco en cuanto a las habilidades necesarias para el siglo XXI y
desde ahí promover los valores, las competencias, las habilidades y los
conocimientos para una convivencia armónica. Lo que nosotros estamos
proponiendo hoy es una educación para la conservación”.

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